Una pequeña historia de la cultura cafetera donostiarra.
Hay una estampa que se repite cada verano en Donostia desde hace décadas. Una terraza frente a la bahía, el murmullo de la ciudad que empieza a bajar el ritmo y un camarero depositando sobre la mesa dos recipientes: una taza de café recién hecho y un vaso ancho con un par de cubitos de hielo.
Para muchos visitantes, la combinación resulta chocante la primera vez. Sin embargo, para generaciones de donostiarras, realizar ese trasvase ha sido la forma más natural de prolongar la sobremesa cuando el termómetro aprieta.
Mucho antes del iced coffee
Mucho antes de que términos como iced coffee o cold brew se pusieran de moda en las pizarras de las cafeterías modernas, las barras de siempre ya habían resuelto el problema de una manera simple, barata y puramente práctica.
Al llegar los meses de calor, el café no perdía su espacio en la rutina diaria; simplemente se adaptaba. La solución no requería preparaciones previas ni tecnologías especiales: bastaba con servir el café espresso de siempre junto a un vaso con hielo para que fuera el propio cliente quien dictara el ritmo del enfriado. Era una solución sencilla que encajaba perfectamente en el ritmo de los bares tradicionales.
De La Concha a la terraza
En Donostia, esta costumbre terminó encontrando sus propios momentos del día. Aparecía invariablemente al terminar el menú del día, tras recoger la toalla en La Concha, Ondarreta o La Zurriola, o durante esas sobremesas que se estiraban sin prisa en las terrazas de la plaza de la Constitución o de Gros.
Mientras el hielo tintineaba contra el cristal, el café se transformaba en una bebida distinta, más ligera y refrescante para combatir el bochorno. Además, el proceso escondía una pequeña ciencia personal. Estaban quienes vertían el líquido de golpe asumiendo el riesgo de la salpicadura; los que esperaban unos segundos a que la taza perdiera temperatura; y quienes disolvían el azúcar concienzudamente en caliente antes de obrar el milagro en el vaso.
Un sonido que inaugura la tarde
Los hábitos de consumo han cambiado y hoy conviven recetas sofisticadas de café frío traídas de medio mundo. Sin embargo, pocas costumbres han resistido el paso de las décadas con tanta salud como el café con hielo servido a la manera tradicional.
Cuando entras a un bar de Donostia en pleno julio y escuchas el crujido del café caliente al entrar en contacto con el hielo, estás presenciando un ritual que no entiende de modas ni de diseños. Es el recuerdo vivo de que, por mucho que cambie la ciudad, sigue bastando un gesto de apenas tres segundos para inaugurar oficialmente la tarde.

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